Los topos, rescatistas nacidos en la tragedia, hoy ciudadanos del mundo

ALFREDO MENDEZ ORTIZ

JESUS VILLASECA
Los topos, en el multifamiliar Juárez

Tienen vidas paralelas. Están casados. Han procreado hijos. Algunos padecen el desempleo. Otros creen en Dios. Dicen gozar la vida por ser irrepetible. Su constante: la búsqueda de sobrevivientes atrapados entre escombros, aunque en su récord personal sobresalga el rescate de cuerpos despedazados, sin vida.

A algunos les molesta ser llamados héroes. A otros, en cambio, los mueve el reconocimiento internacional y anhelan salir en los encabezados de los diarios influyentes. Por eso pelean todo: el dinero que puedan aportar empresas y gobiernos para sus viajes, los diplomas expedidos por alguna autoridad y, en muchos de casos, hasta se arrebatan los cadáveres para salir con ellos en la foto.
Unos y otros se hacen llamar los auténticos Topos Mexicanos.

Veinte años atrás, la mañana del 19 de septiembre de 1985, surgieron como hormigas tras el suave balanceo que gradualmente se intensificó hasta llegar a los 8.1 grados en la escala de Richter, y que un día después se repitió con una magnitud menor, 7.3 grados.
Ciudad de México: un polvorín tras los temblores. Gritos de dolor, caos, incertidumbre, miedo y peticiones de auxilio de gente desesperada. Se acuña ahí, entre lo expuesto de las llagas de familias enteras que lo han perdido todo, la frase que es un himno, una reminiscencia: solidaridad con los necesitados.

La sociedad civil parió a los improvisados de la pala, el pico, las cubetas y cualquier instrumento que sirviera de apoyo para remover residuos de lo que un día fueron construcciones.
Había de todo entre los voluntarios: choferes, doctores, artistas, jóvenes inquietos, amas de casa, incluso niños. Todos sin conocimiento sobre técnicas de rescate. Entonces eran un solo grupo. Después, otra fue la historia.

Entre los rescatistas voluntarios de 1985 siempre hubo bromas. Era necesario conservar el buen humor para aguantar las largas horas de búsqueda, recuerdan.

Familiares y amigos desesperados pedían rescatar a los suyos de entre los fierros retorcidos y el concreto vuelto lápidas. Mientras, los topos recobraban fuerza al ver y escuchar rostros de alegría y palabras de agradecimiento. "Pídele a ellos que te auxilien, son topos y se meten donde sea", refiere Héctor Méndez, mejor conocido como El Chino -quien dirige la Brigada Internacional de Rescate Tlatelolco Azteca-, al recordar la respuesta que daban los funcionarios a las personas que solicitaban el rescate de hijos, padres y conocidos.
Fueron días aciagos, largos, con sabor a muerte. La tragedia les dio vida y afloró, en muchos de ellos, su verdadera vocación: "rescatistas nacidos en la tragedia, y ahora ciudadanos del mundo", como ellos mismos se denominan.

Para Edmundo Delgado, topo independiente por convicción, ex asambleísta por oportunidad y líder de transportistas, porque "de algo hay que vivir", el amor por la vida lo hizo comprender que "todos tenemos una segunda oportunidad para seguir en este mundo".
Intenta estar en todas las catástrofes que puede, pero reconoce que desde 2004 ha tenido que sortear su propio terremoto y rescatarse a sí mismo. Ese año fue encarcelado, acusado del robo a un camión cargado de abarrotes. Su libertad le costó, entre fianza y abogados, más de 300 mil pesos. Hoy, a sus 50 años de edad, sigue siendo topo.

Tras los sismos de 1985, los topos continuaron sus labores. Primero en otras entidades del país, y de ahí, hasta dar el paso a la internacionalización.

Su experiencia se nutrió con el rescate en diversas tragedias naturales: Arabia, Japón, India, Turquía, Irán, Estados Unidos, varios países de Centroamérica, Indonesia y actualmente, por segunda ocasión, en el vecino país del norte, atendiendo a los damnificados del huracán Katrina.

Ahora, sin embargo, ya no forman una sola brigada. En México coexisten al menos cinco agrupaciones de voluntarios dedicados al rescate de víctimas de desastres. Muchos prefieren prestar sus servicios independientes en acontecimientos de ese tipo.
El Chino asegura que no todos acuden a las ciudades o pueblos devastados por el don de la generosidad. "Abundan los transas y los que buscan ser considerados superhéroes".

Desde los hechos de 1985 pudo observar a "los chacales y los buitres" que fingen ser rescatistas y usan uniforme, pero nunca arriesgan la vida. Están a la espera de que alguien saque un cadáver para luego "quitárselo a putazos, arrebatarle la camilla a los verdaderos topos, y así salir en la televisión o en los periódicos, con el uniforme limpio".

No hay de qué asombrarse, dice, "los vi en Tlatelolco, tras los temblores; después, con 20 años de servicio, ya te imaginarás, los he visto en la India, El Salvador, Irán, también en la zona cero de Nueva York, en 2001 (cuando el ataque a las Torres Gemelas). Imagínate, estamos hablando de la cuna de la democracia, y ahí vi cómo los policías se madreaban a los bomberos por buscar el reconocimiento. Eso es normal, son una especie humana".

Rafael López, quien se autodefine "pionero de la protección civil" y dirige actualmente la Brigada Topos Tlatelolco, asegura que los temblores de 1985 le cambiaron la vida.

"Me gustó esta actividad, le vi futuro y, aunque tuvimos muchos comentarios en contra cuando surgimos como agrupación, el tiempo y la necesidad de participación nos dieron la razón. Nacimos con estrella. La brigada logró en 1985 participar en el rescate de 15 sobrevivientes, se rescataron 447 cadáveres en todo el tiempo que participamos en distintos puntos de la ciudad y estos logros fueron equivalentes a un grupo especializado. Nuestro principio estuvo adelantado para su época", rememora con orgullo el comandante.
Actualmente se dedica de manera profesional y de tiempo completo a la protección civil -recibe un sueldo del Gobierno del Distrito Federal-, "y por eso complemento esa actividad con mi participación voluntaria en la agrupación".

Asegura que de los veteranos rescatistas que surgieron con los temblores de septiembre de 1985, "la mayoría sigue en nuestra agrupación, la original. Continuamos trabajando juntos, tendiendo una hermandad estrecha, pero también existieron aquellos compañeros que al concluir sus actividades de rescate en el 85 se reintegraron a su vida normal y otros vuelven a participar cuando hay una catástrofe, aunque de manera voluntaria".

Agrega que 20 años después de la tragedia "nos hemos fortalecido, estamos bien unidos e incluso hemos trascendido las fronteras y grupos de rescatistas extranjeros de países del primer mundo nos admiran; hablan con respeto de los Topos Mexicanos".
El Chino, directo y sin censuras al hablar -se define a sí mismo como "cábula de la colonia Guerrero"-, desmiente a López y lo desnuda sin temor.

"Ni madres que hay unión, todos se dicen los auténticos topos, mentira, en el 85 yo organicé a los brigadistas, siempre he salido al paso desde entonces. Otros que estaban en el grupo se volvieron verdaderos pillos o caza reconocimientos", indica el topo mayor, cabeza de la Brigada Internacional de Rescate Tlatelolco Azteca, quien en septiembre de 1985 "usaba una mata larga, por eso me pusieron el mote de El Chino".

-¿Usted trabajaba con el comandante López? -le preguntamos.
Reacciona de inmediato.
-Al revés, a Rafa nosotros lo jalamos; él era de los chavitos en el 85. Que no salga con que su grupo es el de los auténticos topos, ni presuma que conoce todo el mundo. En Indonesia, con lo del tsunami, no salió del aeropuerto, mientras mis muchachos arriesgaron todo. Hay otro pillo, se llama Roberto Hernández, lo conocí desde la Prepa 9 y estuvimos en el rescate en Tlatelolco. Después de los temblores se agarró a unos chavitos de la calle para justificar la lana que le dio el ex presidente Miguel de la Madrid; se dedicó a las transas y cada que hay desmadre en algún país ahí anda sacando dinero, engañando a la gente con su farsa de ser el jefe de los topos que se hacen llamar Los Perros.

A El Chino, igual que a la mayoría de sus compañeros dedicados al rescate voluntario, le queda claro que su labor "es pura vocación" de la que "no debemos buscar nada a cambio", porque "se trata de un acto netamente humano. ¿Héroe yo? No, ni madres, sólo soy el pinche Chino".

Fuente: La Jornada, lunes 19 de septiembre de 2005.