Entre las familias de artistas mexicanos, destaca de forma intensa la de los Revueltas, artistas de primer rango en el orden nacional e internacional. La gran figura de Silvestre Revueltas puede considerarse como la de uno de los más grandes músicos mexicanos de todos los tiempos, cuyas obras, como Sensemayá, se tocan en las salas de concierto de todo el mundo. También, en el caso de las letrás, José Revueltas destaca por su obra tan estructurada y comprometida con las causas populares. Esta será también una de las constantes de la obra de toda la familia: su gran liga con las luchas y las tradiciones netamente populares. La música, las letras y también las artes plásticas representadas sobre todo por el trabajo de Fermín Revueltas cuya obra muralística es de primer orden; y, en el caso de Consuelo Revueltas se instala dentro del movimiento vanguardista de su tiempo. Si se añade también la presencia que tiene Rosaura Revueltas dentro de las artes, no puede quedar duda de lo completa e importante que es en su conjunto la obra artística de los Hermanos Revueltas, una familia mexicana de grandes raíces populares y de una raigambre universal por su rigor e intensidad.
El Centro Escolar Hermanos Revueltas al tomar su nombre, buscó en su mexicanidad y en su importancia universal un ejemplo a seguir en el desarrollo de sus actividades educativas.
La necesidad de la utopía
El espacio de la escuela alternativa, hoy más que nunca, tiene su centro en la utopía. Rodeado por la violencia, el desamor, la enajenación, la desinformación vestida de un exceso de oferta de información, la incultura, la falta de libertad, vulnerado todo principio de igualdad, ¿cómo plantearse encontrar un centro y unos ejes que nos sirvan de marco para alejarnos de tan terrible entorno?
Por principio de cuentas, nuestras escuelas deben situarse fuera de este último, constituirse en un lugar utópico donde recreen sus valores: la libertad, la igualdad, el amor al trabajo, el respeto a los otros, la fraternidad en el trabajo colectivo, el amor al saber, el respeto y acrecentamiento de nuestro legado cultural, el desarrollo armónico de nuestros cuerpos y nuestro espíritu, la responsabilidad en nuestro actuar. ¿De dónde van a salir fuerzas que nos lancen a esta aventura, cómo vamos a organizarnos para escapar a las estructuras sociales que tienden a reproducirse en nuestro espacio?
Actitud progresista y libertaria
En una primera instancia, tenemos que asegurarnos de que nuestros salones de clase erradiquen el temor, la competencia desleal, la denigración del otro y de uno mismo, la coerción abusiva, la extorsión sentimental, la violencia física e intelectual. La calidad de nuestra enseñanza debe medirse por el logro de estos propósitos para, luego, impulsar el desarrollo de prácticas que nos lleven a recrear nuestros valores.
Primero, buscar nuestras fuentes en una actitud progresista y libertaria ante los procesos sociales abrevando de esta tradición cultural en nuestro país. Por ello, como una primera declaración de principios, nuestra escuela ha tomado su nombre de una ilustrísima familia de artistas mexicanos y progresistas: los Revueltas.
Investigación y Calidad de la enseñanza
Un segundo eje toma de la investigación su amor por alcanzar la verdad, la igualdad de quienes la practican, sabedores de la fortaleza del trabajo colectivo. La investigación y sus métodos permiten organizar nuestro espacio de trabajo con prácticas con una tradición de siglos que han mostrado sus bondades para alcanzar logros que llevaron a revolucionar la sociedad y la cultura; en nuestro entorno, permitirán revolucionar y dejar de lado las prácticas heredadas de nuestro anquilosado sistema educativo.
Como añadido, esto nos permitirá poner en acción nuestro tercer eje: la calidad de la enseñanza. Acreditada ya la fortaleza del trabajo colectivo, nuestros salones deben mirarse como espacios en los que todos estamos empeñados en la producción y no sólo en la reproducción del saber y así atrevernos, más adelante, a transformar nuestro entorno social y darnos en él un territorio propio adecuado para nuestro buen desarrollo y progreso intelectual y afectivo.
Trabajo colectivo e Individualidad
Este accionar colectivo no puede dejar de lado las características de cada uno de los individuos, las diferencias en la preparación anterior, las diferencias en el bagaje cultural, en las capacidades, en las voliciones, en las preferencias, en los gustos, en los comportamientos. La calidad de nuestra enseñanza debe medirse por las oportunidades que tenga cada uno de los miembros del grupo escolar para recibir el trato distinto que su individualidad determina.
Debemos, en el trabajo colectivo, dar a cada quien la oportunidad de aporta lo mejor de cada uno. Nuestros salones deben ser espacios con una gran capacidad de ofrecer multitud de diferentes acercamientos que permitan que cada uno de sus integantes pueda desarrollar sus actividades en los tiempos que le son naturales, con el atractivo que requiera la gran diversidad de voliciones, motivaciones y gustos.
Un espacio nuevo
Hoy en día, estamos mejor equipados para tamaño esfuerzo. Debemos incorporar a nuestros salones todos los adelantos que la tecnología de la información de punta pone a nuestra disposición. Utilizar los adelantos en multimedia para proporcionar información; utilizar los adelantos en cibernética y computación para crear ambientes donde se puedan describir y analizar fenómenos que antes sólo podían mostrarse en forma retórica; utilizar los adelantos para captar y procesar ópticamente los resultados de las autoevaluaciones de nuestro trabajo, permitirá contar con una evaluación continua que rectifique todas las falsas concepciones que siempre se presentan cuando los indivduos están procesando información nueva con el nivel de lectura, que les permite su desarrollo presente. Tales rectificaciones traerán la posibilidad de contar con un nuevo aparato conceptual para acercarse de manera profunda y novedosa a los nuevos fenómenos que se nos están presentando.